En la primera secuencia otra vez los géneros. Descaradamente un western en esa primera secuencia. Tal vez la que más cine tiene en toda la película. Hay montaje. Hay un hacha clavada en un tronco. Hay un granjero pacífico esperando la perdición a manos de los forajidos que vienen por él en sus caballos de acero. Hay una hermosa y tensa paz que funciona porque todos sabemos que acabará en una sanguinaria masacre. Hay un tiro del coronel en el marco de la puerta que es un hermoso guiño al mismo tiro de John Wayne muchas décadas atrás que a su vez era un homenaje de Wayne a otra película de vaqueros mucho más antigua que él. Me atrapa esa primera secuencia.
¿A Tarantino se le pueden celebrar muchos hallazgos? No lo sé. A veces pienso que sí. A veces más bien no entiendo cómo puede haber visto tantas películas y sin embargo quedarse siempre con lo más barato de todo lo que vio. Decir quiero hacer una película como aquellas películas chafas que me gustan tal vez no suene tan válido, porque hacer una película que se vea chafa teniendo conciencia de lo chafa puede sonar fácilmente a charlatanería. Si yo hago una película del santo que sea camp a propósito, cuando tengo las condiciones para que no sea camp, ¿eso me vuelve un timador? Lo interesante es cuando combina los elementos, cuando no es retro sino posmoderno. ¿Por qué entonces no hay más hallazgos expresivos? ¿Por qué de cualquier manera siempre se queda con el corte al que habla? ¿Por qué no importa? ¿Porque la película es efectiva?
De ninguna manera una película tiene que ser moralmente buena. Como los libros, decía Wilde, no hay películas moralmente malas ni moralmente buenas. Que no se deba filmar la película de garcía márquez porque es una apología de la pedofilia me parece por lo menos insensato. No se debería filmar porque seguramente será un álbum de estampitas, una ilustración insulsa de la grafomanía del colombiano. Jamás la razón debería ser la moral. Pero incluso esta afirmación podría parecer moralista. No. No lo parece ni lo es. Bastardos sin gloria es una película políticamente incorrecta en muchos sentidos, pero tal vez no en los más importantes. Ganan los buenos, aunque sea a la mala. Reescribe la historia, pero acaba siendo igual. Es una película de fantasía. Se imagina una versión distinta de los hechos, pero son los mismos hechos. Como toda buena película de guerra, es una película de propaganda. Una película como las que Goebbels decidía patrocinar. Gran apuesta formal esa, y no lo digo con ironía. Es un blubofilm digno de la UFA, aunque desde el otro lado.
Y qué fuerte es ver a a los alemanes morir así, a manos de esos salvajes ignorantes. Me habían dicho que a los alemanes los presentaba aquí Tarantino como torpes e idiotas. No es así. En la película son brillantes, cultos, dignos y orgullosos. Elegantes. Allí los gringos son los nacos. Y en la película ganan los nacos. Me parece loable el plantear el racismo por los dos lados: la judía heredera del cine (el personaje más pobre, sin duda, el más plano y el que más se parece a la detestable presencia de frodo en el señor de los anillos, aplauso cuando la matan) odia a los alemanes, a todos, porque un puñado de alemanes masacró a su familia. Para ella todos los alemanes son asesinos despreciables.
Para que fuera de verdad políticamente incorrecta habría que haber presentado el punto de vista alemán. En Godard sobre Godard, Godard escribe algo así como que nadie se va a atrever a filmar una película sobre el holocausto desde el punto de vista de los alemanes. Plantea la imposibilidad de filmar la tragedia, por ejemplo, de un guardia alemán en un campo de concentración a quien día con día se le acaba el espacio para poner los cuerpos asesinados. Sería imposible. Sería respulsivo. Pero sería ficción, sería una película. No tendría que ser una apología de nada. ¿Tienen las películas que ser moralmente correctas? ¿Tienen que ser justas, no hermosas?
JA plantea que la película es un acierto porque presenta a los alemanes desde el punto de vista de los gringos nacos que van a matarlos. Los alemanes son gritones y gestudos porque así los ven los soldados que no hablan su idioma y no entienden nada de ellos. Esa idea me gusta. Los ven como lo extraño, lo diferente, lo malvado. Lo horrible. Lo escandaloso. Me gusta eso.
Los tacos al pastor no aportan nada valioso al organismo. En el mejor de los casos engordan. No son nutritivos. Hacen daño. Pero vaya que se disfrutan al máximo cuando están bien hechos. Las películas de Tarantino cada vez se parecen más a los tacos al pastor.