Thursday, November 19, 2009
Tuesday, November 17, 2009
Quiero montar un caballo blanco
Debido a que mi proyecto anterior fue ninguneado, discriminado y poco entendido en casi todas las convocatorias en las que participó durante dos años, anuncio el nacimiento de uno nuevo. Ahora tiene que ver con la inmortalidad y la manipulación.
Monday, November 16, 2009
Monday, November 09, 2009
De la piratería
Una de las cosas que peor hablan del nivel de vida de nuestro país es la campaña contra la piratería que tiene cinemex desde hace muchos meses. Cualquier persona con medio dedo de sensibilidad y lo que se parecería más al mal llamado buen gusto no puede sino sentir deseos de escupirle en la cara a las niñas que dicen lo del papá pirata. Yo antes compraba mucha piratería y seguramente la sigo comprando y no lo sé, pero hace más de un año dejé de hacerlo con dolo por cuestiones de seguridad nacional, según yo. No lo hice porque crea que los artistas vayan a dejar de hacer música ni porque se vayan a dejar de filmar películas. Eso no va a pasar, pero los músicos sí tienen que cobrar por lo que hacen, no nada más por tocar en vivo. Hay un texto de Robert Smith sobre lo insulso de la música gratuita que me resulta por demás ilustrativo. Creo sin embargo en la propiedad intelectual y en que las empresas sí tienen que cobrar por lo que hacen (si el Final Cut fuera gratuito, Macintosh no invertiría miles y miles de dólares en desarrolarlo para luego venderlo, y nadie lo haría, y los programas de edición de video serían una basura), pero la campaña de cinemex me da ganas de salir a la calle y comprar todos los DVD´s piratas que pueda. Tenemos un cine pirata, no un papá pirata. Tenemos un cine en el que pagamos 60 pesos para ver 20 minutos de anuncios (eso es ilegal), 10 de trailers, 5 de anuncios de la misma cadena cinemex. Luego empieza la película y muchas veces está fuera de foco, con la mascarilla equivocada o con un imbécil que le sube y le baja al volumen según se quejen del ruido de la película las señoras. Tenemos un cine en el que no hay un policía con una macana para sacar y golpear a los que platican. Tenemos un cine pirata. Eso es peor que cualquier DVD.
El punto es que hago un esfuerzo por comprar, al menos los discos que me gustan mucho, en la edición original. Uno va a mixup y paga más de 100 pesos por un disco y se encuentra con esto:

Sí, la foto es auténtica. Yo la tomé. El disco es original. Número de serie 0777 7 94298 2 0. Una disquera que no se preocupa siquiera por escribir correctamente el nombre del artista no tiene derecho a exigir que la gente deje de comprar piratería. Nunca he encontrado un disco pirata que tenga mal escrito el nombre de MorriSSey. Sí, se escribe con doble ese, personas de EMI.
Lo mejor de todo es que tiene impresa la orgullosa leyenda de que es hecho en México.
El punto es que hago un esfuerzo por comprar, al menos los discos que me gustan mucho, en la edición original. Uno va a mixup y paga más de 100 pesos por un disco y se encuentra con esto:

Sí, la foto es auténtica. Yo la tomé. El disco es original. Número de serie 0777 7 94298 2 0. Una disquera que no se preocupa siquiera por escribir correctamente el nombre del artista no tiene derecho a exigir que la gente deje de comprar piratería. Nunca he encontrado un disco pirata que tenga mal escrito el nombre de MorriSSey. Sí, se escribe con doble ese, personas de EMI.
Lo mejor de todo es que tiene impresa la orgullosa leyenda de que es hecho en México.
Thursday, November 05, 2009
Cambios
Otra vez me muevo. Creo que ya no iba para ningún lado en donde estoy.
Bah. No sé. Me gustó lo nuevo.
Se había vuelto muy cómodo envejecer así.
Bah. No sé. Me gustó lo nuevo.
Se había vuelto muy cómodo envejecer así.
Tuesday, November 03, 2009
20 años
El 31 de octubre de 1989 es una de las pocas fechas que recuerdo con claridad como el principio de un cambio importante en mi vida. Llevaba un par de meses en la secundaria. Acababa de cumplir 12 años. Los tipos de tercero de secundaria habían organizado una fiesta para comenzar a recaudar fondos para su baile de graduación. El Batman de Tim Burton estaba a punto de estrenarse. Era un Halloween con motivos batmánicos. Los boletos de la fiesta y los flyers tenían el logo del murciélago. Mis recién adquiridos amigos del salón iban a ir. Yo fui también. Mis papás me dejaron en la casa de la fiesta como a las nueve de la noche. Un tipo de mi generación estaba en la puerta preguntándole a los de tercero si de verdad iban a proyectar el Batman de Tim Burton en la fiesta. Los de tercero le aseguraron que sí. El pobre tipo pagó y entró. Adentró mis amigos fumaban porque se sentían muy grandes, ya tenían 12 y hasta 13 años. Creo que esa tarde habíamos decorado calabazas en la escuela y yo había perdido los aretes de una de mis compañeras al intentar colocarlos en una de las frutas. No supe dónde los dejé.
Dos o tres horas más tarde comencé a bailar con una chica que se llamaba Fabiola y que hoy ya es una señora. Ella había ido conmigo a la primaria, así que nos conocíamos de tiempo atrás. Supongo que por eso me atreví a sacarla a bailar, a pesar de que me parecía bastante linda. Bailamos una o dos canciones, no lo recuerdo claramente. Lo que recuerdo es que en algún momento, al terminar una de las canciones, un sonido insólito que me pareció indescriptible comenzó a salir de las bocinas. Era un ruido hermoso y ensordecedor, como cientos de pájaros cantando en una madrugada nublada. ¿Qué es eso? Fabiola me respondió: Es The Cure.
Me resulta difícil ubicar más de dos o tres instantes similares a lo largo de mi existencia. Fue una noche que determinó en más de un sentido el rumbo de mi vida. Me hizo, en gran medida, lo que soy ahora, sea lo que eso sea. Después de esa noche comencé a buscar sus discos (en un principio pensé que serían uno o dos, gran desatino) y me compré una guitarra eléctrica con el escaso pero suficiente fondo de ahorro que mis papás habían creado pensando en mi porvenir, pero el efecto de Fascination Street en mi corazón y en mi cabeza fue mucho más allá. Mucho más allá de que tengo un peine que perteneció a Robert Smith, de que tuve el placer de entrevistarlo junto a Porl Thompson, Jason Cooper y Simon Gallup (quien junto con Perry Bamonte firmó mi copia del The Cure en una visita previa), de que los he visto tocar en nueve ocasiones (la primera cuando tenía 14 años, en Monterrey... años después conocí a un gringo que los ha visto más de cincuenta veces) o de que estuve parado sobre el escenario a un metro de Robert durante el inicio de los premios MTV 2007, The Cure ha sido un sendero, un apoyo y un referente. Ha sido compañía y aliento. Ha sido una voz que canta mientras escucha. Ha sido mi consuelo en las noches más tristes y la euforia de los más felices tiempos. Ha sido un parámetro para no dejarme engañar por charlatanes.
20 años. Vamos por 20 más, Robert. Tú me enseñaste que la calidad no sabe de gustos.
Dos o tres horas más tarde comencé a bailar con una chica que se llamaba Fabiola y que hoy ya es una señora. Ella había ido conmigo a la primaria, así que nos conocíamos de tiempo atrás. Supongo que por eso me atreví a sacarla a bailar, a pesar de que me parecía bastante linda. Bailamos una o dos canciones, no lo recuerdo claramente. Lo que recuerdo es que en algún momento, al terminar una de las canciones, un sonido insólito que me pareció indescriptible comenzó a salir de las bocinas. Era un ruido hermoso y ensordecedor, como cientos de pájaros cantando en una madrugada nublada. ¿Qué es eso? Fabiola me respondió: Es The Cure.
Me resulta difícil ubicar más de dos o tres instantes similares a lo largo de mi existencia. Fue una noche que determinó en más de un sentido el rumbo de mi vida. Me hizo, en gran medida, lo que soy ahora, sea lo que eso sea. Después de esa noche comencé a buscar sus discos (en un principio pensé que serían uno o dos, gran desatino) y me compré una guitarra eléctrica con el escaso pero suficiente fondo de ahorro que mis papás habían creado pensando en mi porvenir, pero el efecto de Fascination Street en mi corazón y en mi cabeza fue mucho más allá. Mucho más allá de que tengo un peine que perteneció a Robert Smith, de que tuve el placer de entrevistarlo junto a Porl Thompson, Jason Cooper y Simon Gallup (quien junto con Perry Bamonte firmó mi copia del The Cure en una visita previa), de que los he visto tocar en nueve ocasiones (la primera cuando tenía 14 años, en Monterrey... años después conocí a un gringo que los ha visto más de cincuenta veces) o de que estuve parado sobre el escenario a un metro de Robert durante el inicio de los premios MTV 2007, The Cure ha sido un sendero, un apoyo y un referente. Ha sido compañía y aliento. Ha sido una voz que canta mientras escucha. Ha sido mi consuelo en las noches más tristes y la euforia de los más felices tiempos. Ha sido un parámetro para no dejarme engañar por charlatanes.
20 años. Vamos por 20 más, Robert. Tú me enseñaste que la calidad no sabe de gustos.
Tuesday, October 27, 2009
Ya está bien

El viernes me hice de la edición sencilla de Swords. La de lujo incluye también un disco con canciones en vivo. Trae Find out for yourself. Algunos de los lados B que trae Swords son enormes. Todos ya estaban disponible de alguna manera, en el Platinum Edition del You are the quarry y en los sencillos mismos.
Vaya que son lamentables los que hiciste con Santaolalla. Vaya que has andado en malos pasos. Pero por favor sigue cantando, muchos, muchos años.
When you've been slapped around
And one more slap can't hurt you
And when you've been down for the very last time
There is nothing anyone can do to hurt you
Monday, October 26, 2009
Tuesday, October 20, 2009
No te entiendo, no te reconozco

The passing of time
And all of its crimes
Is making me sad again
The passing of time
And all of its sickening crimes
Is making me sad again
But dont forget the songs
That made you cry
And the songs that saved your life
Yes, youre older now
And youre a clever swine
But they were the only ones who ever stood by you
Ja. Y antenoche, antes de que me enterara, soñé que iba a un concierto tuyo, en una especie de cafetería, tú cantando detrás de la barra y regalando dulces en una canasta. Y cantabas una canción que no existe y yo me angustiaba porque no me la sabía.



